Ego Del Sueño
Me
levante transpirado, con esa extraña sensación en los dedos, como si recién me
hubiese cortado las uñas. Caminé por mi cuarto por un tiempo hasta que recordé
qué había soñado. Fue algo particularmente perturbador, que nunca había soñado
antes. Una silueta, que estaba impregnada en la pared, se movía. No escuchaba
claramente lo que decía, era como si estuviera dentro de una caja, pero sí
recuerdo unos claros subtítulos que aparecían en la parte baja de la visión. Él
me decía que me despertara. Yo obedecía, e irónicamente, también me despertaba
y comenzaba a explorar el cuarto.
Día tras día, sueño tras sueño, comencé a ver mejor esta silueta negra, ya que esta tomo un relieve que le daba una sombra especial, ya que mostraba su nariz y su mejilla derecha como una razón por la que vivir, y aún más importante, creerle.
Cada día me levantaba un poco más exaltado y
transpirado. Ya sentía su presencia con más firmeza. Y justo cuando se completo
la figura de esta silueta, justo cuando comenzaba a parecerme como un humano,
observé que desde su cabeza aparecieron unos pequeños cuernos, y su nariz ya no
era la misma; estaba demasiado en punta. Sin embargo, el sueño en sí no
cambiaba, ya que él siempre me decía que me despertase, y yo lo hacía.
Todos los días me sentaba en mi sillón
individual por una o dos horas, tratando de llegar a una conclusión a todo
esto, y encontré una que era la más lógica: vivo en un mundo donde todos los
deseos se hacen realidad, ya que yo quería despertarme en un determinado momento,
entonces yo creaba un sueño que me despertara, y a su vez, destruya el sueño
anterior, o al menos todo registro de él.
A su vez, yo quería entender qué estaba
ocurriendo, y todas mis hipótesis repercutían en el sueño involuntariamente. Es
por eso que esta silueta se iba transformando en Satán o en algo por el estilo,
porque eso le daría una explicación lógica.
En ese momento decidí que en mi sueño quería
que esa silueta me dijera que tenía la razón. Esa misma noche la silueta se
transformo en una simple máscara negra con una nariz que estaba mucho mas que
en punta, era tan larga que la sentina tocando la mía. Esta máscara me dijo
claramente, sin la necesidad de un subtítulo, lo que yo quise, me dijo que
tenía razón. Sin embargo, como no le dije que me despierte, no lo hice, por lo
tanto me quede apreciando a esa máscara tan bella por toda la eternidad.
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