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Mostrando entradas de abril, 2021

Los Días Largos

  •Día 1:    Cuando vi la noticia luego de varios minutos de ruidosas placas de “ALERTA” en el noticiero no puede fingir sorpresa: se veía venir. “Mal momento para vivir solo” me dije mientras miraba algo preocupado la alacena pensando que podría tener más comida, más champiñones en lata, más fideos, más arroz, más café. Sobre todo estaba preocupado y ocupado por el café, porque si bien en momentos delicados y extremos pensé que podría llegar a prescindir del pan de las mañanas, de la palta, del jugo de naranja, estaba seguro que no podría prescindir del café ni por un solo día. Así que en ese mismo instante salí de mi casa bien abrigado, con barbijo y guantes puestos, y mirando para todos lados como si me estuvieran acechando: me sentía completamente infranqueable a la vez que sabía que lo que sostenía ese sentimiento era algo como una finísima telaraña que después de haber sido cortada se sigue aferrando inevitablemente a todo lo que toca. En menos de 5 minutos vol...

El Condenado

    Me mandaron en una carta el original del texto, que a continuación voy a transcribir, el 14 de agosto de 1998, sin ningún tipo de sello ni de firma (por lo que el relato, si acaso lo es, debe ser interpretado como anónimo) pero sí con una pequeña nota al final, cuya letra no se parece en nada a la de la obra. Respeto esa nota y todo el texto al no modificar nada. Espero que esto se tome como un simple hecho de divulgación:    “¿Como iba a saber yo de mi desgracia el mismo día de mi nacimiento? ¿Como iba a saber que desde ese momento yo ya había sido signado por la maldición de ser inconcluso, de poseer una singularidad estéril? No había tardado mucho en notar que era diferente al resto de mis amigos, de mis familiares (exceptuando lógicamente a mi padre, ya que mi madre ignoraba en absoluto quién podría ser), de cualquier persona a la que veía por la calle. Así, siempre me vi obligado a sentirme marginado, incapaz de tener o crear algo que me destaque o...

El Reencuentro

  Se podría decir que Juan Carlos Medrano siempre fue de esas personas a las que todo le salió bien en la vida. De familia aristocrática, jamás tuvo problemas económicos, fue a un buen colegio y a una excelentísima universidad. Al poco tiempo de graduarse consiguió un trabajo que le generaba una incalculable satisfacción, y qué podría conservar hasta sus últimos años. No tardó en casarse con una mujer bellísima y de buena familia como él, ni tampoco en tener hijos que los llenarían de orgullo.    Entonces, también se podría decir que Juan Carlos Medrano era un hombre feliz. Sin embargo no es totalmente así: si bien largo tiempo fue muy feliz y tuvo todo lo que cualquier persona pudiera desear, de repente se sintió vacío, insatisfecho, como si le faltara algo. Esto sucedió apenas antes de que se comprara su tercera mansión y poco después de que consiguiera su primera Ferrari, pero por sobre todo a la semana, aproximadamente, de la muerte de su madre. Estaba acostado e...

Sobre Una Convicción Irrevocable

    En Los Vientos, uno de los pequeños pueblos del condado de Adanteánia, se rumoreaba qué en una cueva del cerro “pozo ciego” (referido así debido a qué su color era un negro tan oscuro y profundo qué parecía no tener superficie ni fin)  se escondía un gran tesoro qué el propio conde de esa región había escondido. Luego de la trágica muerte de este conde, los campesinos del pueblo decidieron ir una vez al año a buscar ese tesoro a la montaña. Sabían por un dibujo encontrado en el castillo del difunto conde, que la entrada de la cueva tenía una particular forma triangular, lo que sería fácil de diferenciar. Sin embargo esto siempre resultó catastrófico: el primer intento constó de 400 hombres, de los cuales solo retornaron 70 alegando que el resto se cayó a un precipicio cuando un borde de la montaña cedió; la segunda búsqueda también resultó fallida, porque si bien volvieron todas las personas que habían ido, no estuvieron ni cerca de encontrar una cueva que pueda ...